Excmo. Sr. Presidente de la Fundación Universitaria San Pablo CEU,
Excmo. Sr. Presidente del Instituto CEU de Estudios de la Democracia,
Autoridades, premiados,
Queridos amigos:
Permítanme comenzar expresando, en nombre de la Fundación Impulso y Cooperación, nuestro más sincero agradecimiento por la concesión de este Premio al “Mérito por España”.
Lo recibimos con emoción, con gratitud y también con humildad. La Fundación Impulso y Cooperación se presentó públicamente hace apenas unos meses. Por ello, somos plenamente conscientes de que este reconocimiento no premia tanto una institución recién nacida como una trayectoria colectiva construida durante años por personas y entidades comprometidas con la defensa de la democracia constitucional española.
Quiero por ello mencionar expresamente a las asociaciones más directamente vinculadas a nuestra Fundación: Impulso Ciudadano y Asamblea por una Escuela Bilingüe de Cataluña y especialmente a quienes las representan: Ana Losada, presidenta de la Asamblea por una Escuela Bilingüe y de Escuela de Todos, que me acompaña esta tarde, Rafael Arenas, recientemente elegido presidente de Impulso Ciudadano; y a Maite Pagazaurtundúa, miembro de nuestro Patronato y presidenta del Consejo Asesor de la Fundación. Ellos simbolizan el trabajo de muchas otras personas que han dedicado tiempo, talento y esfuerzo a una causa que consideran justa.
El nombre mismo de este premio contiene dos palabras que tienen un significado profundo: mérito y España.
Mérito significa reconocer el esfuerzo, la responsabilidad y el servicio a los demás. Es una palabra que remite a una idea exigente de ciudadanía, basada en el compromiso y no en la comodidad.
“Y cuando digo España” me viene a la memoria el recuerdo del añorado Fernando García de Cortázar que en un libro con ese título evocaba los versos de Jorge Guillén:
“patria tan anterior a mi/
y que yo quiero, quiero/
viva, después de mí”.
Esa es la España queremos, viva, en libertad y con convivencia. España es la Nación que nuestra Constitución define como patria común e indivisible de todos los españoles y que, al mismo tiempo, se constituye como un Estado social y democrático de Derecho al servicio de la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
España y democracia deben ser conceptos inseparables.
La España democrática a la que aspiramos se asienta en el respeto a la ley, la igualdad de los ciudadanos, la protección de las libertades, la solidaridad entre territorios y el sometimiento de todos los poderes públicos al Derecho.
Esos principios han guiado durante años la actuación de las entidades que hoy confluyen en la Fundación Impulso y Cooperación.
- Hemos promovido el respeto a la bandera española y a los símbolos constitucionales porque representan a todos los ciudadanos y no a una parte de ellos. (En el día de hoy, hemos conocido que el Parlamento de Cataluña acatará la resolución judicial y pondrá la bandera de España de forma permanente en su fachada. Hacía 45 años que no lo hacía)
- Hemos defendido los derechos lingüísticos de miles de familias que deseaban algo tan sencillo como que sus hijos pudieran estudiar en la lengua común de todos los españoles. De esa conexión con las familias sabe mucho Ana Losada.
- Hemos acudido a los tribunales cuando determinadas administraciones han olvidado que en democracia las autoridades sólo pueden hacer aquello que la ley les permite hacer.
- Hemos trabajado con firmeza por la España solidaria que se asienta en la contribución de todos y que debe garantizar la igualdad de las prestaciones en cualquier parte del territorio nacional.En defensa de estos principios se han presentado tres demandas frente a las recientes transferencias de prestaciones de la Seguridad Social que han acordado el Gobierno de España y el Gobierno vasco.
- Y hemos denunciado la violencia política, la intimidación y la exclusión de quienes piensan diferente, porque no existe verdadera democracia cuando algunos ciudadanos sienten miedo a expresar libremente sus convicciones.
No ha sido una tarea fácil.
Quienes trabajamos en entidades cívicas independientes —y subrayo lo de independientes— conocemos bien la sensación de remar contra corriente.
No basta con constituir una asociación o una fundación. Hay que elaborar informes, atender a ciudadanos desamparados, sostener litigios durante años, organizar actos públicos, convencer a los medios de comunicación, buscar voluntarios y encontrar recursos.
Y todo ello sin ayudas públicas y, en ocasiones, con la abierta hostilidad de quienes consideran que la sociedad civil debe limitarse a aplaudir y no a fiscalizar.
Pero precisamente ahí reside la grandeza del activismo cívico.
En hombres y mujeres que dedican parte de su vida a defender principios que consideran valiosos sin esperar nada a cambio.
Pienso hoy en las familias que acudieron a nosotros buscando ayuda. En los voluntarios que sacrificaron tiempo de descanso. En los profesionales que prestaron gratuitamente su conocimiento jurídico, técnico o educativo. En los socios y amigos que sostienen nuestra actividad con aportaciones modestas.
Nosotros creemos profundamente en la fuerza de los «muchos pocos» y en esa solidaridad silenciosa que rara vez ocupa titulares pero que terminará cambiando la realidad.
Confiamos más en esas virtudes discretas que en los discursos grandilocuentes que no van acompañados de hechos.
El principal objetivo de nuestra Fundación es velar por la buena gobernanza de las instituciones y administraciones. “Y cuando digo buena gobernanza” me acuerdo de Miguel de Cervantes que escribió uno de los pasajes más destacados de nuestra literatura.
Me refiero a cuando Sancho Panza se disponía a gobernar la ínsula Barataria y don Quijote le ofreció una serie de consejos que constituyen una auténtica lección de ética pública.
Destaco algunos de ellos.
«Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores, y préciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio ».
Es una advertencia contra la soberbia del poder. Quien gobierna no debe olvidar nunca que ocupa un cargo temporal y que las instituciones pertenecen a los ciudadanos.
Le aconseja también:
«No hagas muchas pragmáticas; y si las hicieres, procura que sean buenas, y sobre todo que se guarden y cumplan».
Cuatro siglos después, el consejo conserva toda su vigencia. Las naciones no necesitan una inflación de leyes. Precisan de leyes justas, comprensibles y respetadas, empezando por quienes las aprueban.
Y añade una advertencia que parece escrita para cualquier época:
«Nunca te guíes por la ley del encaje».
La “ley del encaje” es la ley arbitraria, la que se adapta a la conveniencia del gobernante de turno. Cervantes nos recuerda así que la seguridad jurídica constituye uno de los pilares fundamentales para la convivencia.
En definitiva, Cervantes en boca de El Quijote propugna:
- Humildad frente a la arrogancia.
- Respeto a la ley frente a la arbitrariedad.
- Servicio al bien común frente al interés partidista.
¡Ojo! Son consejos de principios del siglo XVII.No sean mal pensados, o sí.
¿Y qué hacemos cuando topamos con gobiernos que incumplen las leyes, que discriminan a los ciudadanos por su lengua o que no creen en la Nación española?
Exigir la España democrática y constitucional, una España en la que las instituciones sirven a los ciudadanos, la ley protege por igual a todos y el poder encuentra límites efectivos en el Derecho.
Hace unos meses, durante la presentación pública de nuestra Fundación, Fernando Savater formuló una pregunta tan sencilla como incómoda:
«Si no somos nosotros, ¿quién?»
Esa pregunta resume perfectamente el espíritu de nuestra labor.
Porque la pasividad no asegura la democracia.
La libertad no se gana con la inacción.
Los derechos no se garantizan si no se reclaman.
La democracia, la libertad, los derechos necesitan ciudadanos dispuestos a comprometerse.
Necesitan un «nosotros».
Un nosotros cada vez más amplio.
Un nosotros (“La Fundación”) capaz de incorporar a personas con sensibilidades distintas, pero unidas por la convicción de que España merece seguir siendo una nación de ciudadanos libres e iguales en derechos.
Para finalizar, quiero reiterar nuestro agradecimiento al Instituto CEU de Estudios de la Democracia y a la Fundación Universitaria San Pablo CEU por este reconocimiento.
Lo recibimos como un honor, pero también con responsabilidad.
Somos conscientes de que nuestra tarea no está concluida, sabemos que queda mucho por hacer.
Seguiremos trabajando con independencia, con perseverancia y con espíritu de servicio.
Y lo haremos porque creemos que España dispone de los recursos morales, humanos e institucionales suficientes para superar cualquier dificultad si sus ciudadanos deciden comprometerse con la libertad, la democracia, el bien común y la buena gobernanza. Para conseguirlo les invitamos a ser uno más de esos muchos pocos.
Muchas gracias.
En Madrid, a 16 de junio de 2026
José Domingo
Presidente de la Fundación Impulso y Cooperación.

