La Fundación Impulso y Cooperación y la asociación Impulso Ciudadano celebran el aniversario de la Constitución homenajeando a la bandera nacional y pidiendo reformas legales que aseguren el respeto institucional que merece el símbolo constitucional.
La declaración se presentó el día 4 de diciembre en una jornada celebrada en el Salón de Grados de la Universidad CEU San Pablo en un acto organizado con el Instituto de Estudios de la Democracia.
La bandera de España: símbolo nacional y constitucional
La bandera de España es mucho más que un símbolo. Es la expresión visible de una Nación que decidió, con enorme generosidad, reconciliación y sentido de futuro, darse una Constitución que garantizase la libertad, la igualdad y la convivencia entre todos los españoles. La actual bandera nacional, adoptada hace más de dos siglos y refrendada por la Constitución de 1978, es hoy la enseña de una España democrática, plural y moderna. Una bandera que, precisamente por ser de todos, no pertenece a nadie en particular.
Conviene recordar que la bandera de España fue ratificada por un inmenso consenso social. No es patrimonio de ningún partido ni puede ser objeto de apropiación ni de rechazo sectario. Representa a todos los ciudadanos, voten a quien voten y piensen como piensen. Y simboliza, además, un compromiso constitucional que permitió superar décadas de enfrentamiento. Honrarla no es un gesto partidista: es un acto de normalidad democrática.
Sin embargo, aún hay instituciones que siguen instaladas en una vieja guerra contra los símbolos compartidos y no aceptan el carácter constitucional e integrador de nuestra bandera. La Ley 39/1981, que obliga a exhibir la bandera de España en todos los edificios públicos y actos oficiales, junto a las banderas de las Comunidades Autónomas, es ignorada de forma arbitraria por numerosos responsables públicos, especialmente en las CC. AA. que incumplen las normas sobre símbolos oficiales y neutralidad institucional.
No hablamos de descuidos inocentes. Hablamos de prácticas que buscan desnaturalizar las instituciones para convertirlas en instrumentos al servicio de ideas excluyentes y sectarias. En demasiados edificios oficiales de algunos territorios no ondea la bandera nacional o se relega a lugares inapropiados o se coloca de forma humillante. También en muchos actos públicos se omite deliberadamente y no se le da el trato honorífico que merece. La creatividad para vulnerar la ley parece infinita cuando se trata de expresar hostilidad hacia España.
A ello se suma la proliferación de símbolos partidistas o de reivindicación separatista en algunas sedes institucionales y en espacios públicos, contraviniendo frontalmente el principio de neutralidad que exige la Constitución. Las instituciones no tienen libertad de expresión: tienen obligaciones de servicio público.
El remedio no puede ser el silencio ni la resignación. Los ciudadanos y las entidades civiles han venido supliendo, en muchos casos, la inacción de las Administraciones encargadas de velar por la legalidad. Sin embargo, no es razonable que el cumplimiento de la Constitución dependa de la constancia cívica y de procesos contenciosos interminables.
Por ello, reclamamos:
1. La revisión y actualización de la legislación sobre símbolos, reforzando los deberes institucionales y estableciendo un régimen sancionador claro para las autoridades que incumplan la ley.
2. La vinculación del acceso a fondos públicos —estatales, autonómicos o europeos— al respeto de las normas sobre símbolos oficiales, tal y como prevé ya la legislación en otros ámbitos de la gestión pública.
3. La ejecución efectiva de las resoluciones judiciales, cuya reiterada desobediencia erosiona la confianza en el Estado de Derecho.
4. El principio de neutralidad institucional que es expresión de la lealtad constitucional y, por ello, es indispensable que sea respetado para que todos los ciudadanos puedan sentirse representados en sus instituciones comunes.
La celebración del Día de la Constitución es un buen momento para recordar que la convivencia democrática requiere símbolos compartidos, y que las leyes están para cumplirse, también por quienes ostentan cargos públicos. En una España excesivamente polarizada políticamente hay que procurar cerrar heridas ideológicas que conducen al enfrentamiento. Hay que mirar hacia adelante y dejar de abrir viejas trincheras.
La bandera de España seguirá ondeando y tiene que hacerlo como símbolo de una nación que respeta los valores constitucionales: la libertad, la igualdad, la justicia, el pluralismo político y el Estado de Derecho. La obligación de nuestros representantes es garantizar que también ondee, con normalidad y dignidad, donde la ley ordena y donde los ciudadanos la esperan: en las instituciones de todos.
En Madrid, a 4 de diciembre de 2025
Las intervenciones de la jornada están disponibles en el siguiente enlace:
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